El Programa PRA ayudó a combatir la pobreza mediante la creación de oportunidades innovadoras para el crecimiento económico, la generación de empleo sostenible y la movilización de inversión privada en los principales corredores económicos del Perú.
Su metodología articuló la oferta y la demanda: por un lado, identificó compradores nacionales e internacionales para vincularlos con productores locales; por otro, capacitó a estos productores en nuevas técnicas para adaptar sus productos a las exigencias del mercado a través de sus Centros de Servicios Económicos (CSE).
Un segundo pilar estratégico fue su enfoque en reducir trabas a la competitividad, como la infraestructura deficiente. Para ello, brindó asistencia técnica al Estado en la implementación de Alianzas Público-Privadas (APP). Este modelo permitió que fondos públicos y privados rehabilitaran rutas comerciales críticas, mejorando la competitividad regional y logrando que los mercados trabajaran eficazmente en beneficio de las poblaciones rurales.

